domingo, 25 de agosto de 2013

Galletas de avena

Hoy les traigo una recetita súper fácil y súper buena, y para colmo completamente vegana, definitivamente, las mejores galletas que me he comido en mi vida (salvando las de la franquicia inglesa Ben's cookies, que son un delito). 
La receta la saqué del blog Con botas de agua, pero como es habitual en mí, la he tuneado un poco con ayuda de mi Onee-chan. Esta receta va para Noelia, que sé que la va a disfrutar. 
Ingredientes:
250 gr de copos de avena
100 gr de harina integral
100 azúcar moreno
Semillas de sésamo
Frutos secos picados (opcional)
Canela
Nuez moscada
1/2 cd levadura química
150 ml aceite
Agua 
Chocolate negro derretido al baño María o en la Tmx (opcional)

Preparación
Mientras precalientas el horno a  200º, ve mezclando los ingredientes secos de la receta. En cuanto a la harina, se puede hacer con harina integral de trigo, pero también  con harina blanca. Con harina de centeno integral se quedan especialmente crujientes, y si la haces con harina de garbanzo, la masa resultante será mas manejable. Como ves, la elección es tuya. 
Luego añade el aceite de oliva y mezcla hasta que todos los ingredientes estén bien impregnados. 
Añade agua hasta que obtengas una masa lo suficientemente consistente, pero que será algo pegajosa. Si te pasas con el agua, siempre puedes añadir un poco más de harina. 
En la bandeja del horno, sobre algo de papel vegetal, pon una bolita de masa y aplástala para darle forma de galleta. La masa es pegajosa, así que aconsejo manejarla con las manos o con utensilios húmedos. 
Yo suelo usar un molde para darles forma, pero no es necesario. 
Con esta cantidad te saldrán unas 40 galletas, dependiendo de lo grandes que las hagas. También he descubierto que mientras más finas sean, más crujientes y sabrosas quedarán. 
Hornea durante unos 15 minutos (dependiendo del horno, puede ser más o menos), el momento para sacarlas  es cuando estén doradas y los bordes se oscurezcan un poco. Aunque las veas blandas, no caigas en la tentación de dejarlas más tiempo en el horno, se endurecerán cuando las dejes enfriar en la rejilla. 
Si eres goloso, puedes hacer con la misma receta unas galletas muy especiales. Derrite un poco de chocolate negro y cubre el dorso de cada galleta con una cucharadita de chocolate, una vez que estas hayan enfriado y endurecido. Déjalas en la nevera un rato para que el chocolate se solidifique. 


viernes, 14 de junio de 2013

Hazlo tú mismo: mermeladas y confituras


Lo principal, cuando uno se decide a ser un “productor” y no un mero “consumidor” de alimentos, es cambiar el chip. Pero es mejor hacerlo poco a poco.
En mi caso, yo no me decidí a hacer conservas y panes y dejar todo lo manufacturado de un día para otro. Para mí, ese fue un proceso lento, largo y paulatino (proceso que aún no ha terminado). Pero sí que estaba determinada a conseguir un objetivo a largo plazo (abandonar los alimentos procesados), objetivo que cada día estoy más cerquita de alcanzar.
Empecé a interesarme por las conservas gracias a un libro que me compré hace un par de años: “Del huerto a la despensa” de Mariano Bueno, uno de los referentes en España de la agricultura ecológica. El libro está pensado para conservar los excedentes de un huerto casero, pero también puede usarse pensando en conservar frutas y verduras de temporada que uno haya comprado de más (quizás aprovechando que el kilo de tomates está muy barato ese día. ¿Quién no ha hecho eso?). Sin embargo, no fue hasta casi un año más tarde, cuando me compré la Thermomix, que me animé a hacer conservas, empezando por las mermeladas.

Me encantan las mermeladas, ¡sobre todo las de fresa! Una cucharadita al día, con una rebanada de pan para empezar el día, ¡qué felicidad! Sobre todo, si esa mermelada es casera.
Todo el que tenga la Thermomix habrá visto (y muchos probado) la receta de mermeladas y confituras que viene al final del libro gordo de Petete (como yo llamo al libro “Imprescindibles” de la Tmx). Pero esa receta no te enseña a espesar una mermelada con poca pectina, ni cómo conservar dicha mermelada, y además, te pide poner una proporción 1:1 de fruta-azúcar, lo que es en muchos casos excesivo.
En el libro de Mariano Bueno se explica el proceso por el que el azúcar (en almíbares, mermeladas o confituras) actúa como conservante, y también explica paso a paso el proceso de esterilización al baño maría, que yo uso para hacer mis conservas caseras.
Para hacer una mermelada, es suficiente con que la proporción azúcar-fruta sea de ½-1 (salvo que queramos hacer una mermelada más dulce, o una confitura, que lleva más azúcar y es más espesa). También debemos tener en cuenta que no todas las frutas “espesan” igual, debido a su contenido en pectina. El tiempo de cocción también es importante, mientras mas tiempo, más espesor, pero también mayor degradación de vitaminas y sabor.
En mi experiencia personal, las fresas, papaya y tomates cherry espesan estupendamente bien con una cocción corta (de media horita). Sin embargo, las mermeladas de kiwi y tomate me han necesitado algo más de espesor. Como Mariano Bueno señala, se puede mezclar con otra fruta rica en pectina (como las manzanas o ciruelas negras), añadir pectina en polvo, o un poco de agar-agar en la cocción, esta última es la opción que yo utilizo. Las pipas de algunas frutas, entre ellas de los limones, también son muy ricas en pectina, por lo que se pueden añadir trituradas a la cocción.
Siempre es recomendable también añadir limones o su jugo a la mermelada, para potenciar su conservación.
 Ingredientes:
1 kg de fresas
500 gr. de azúcar
El zumo de un limón.
Preparación: Básicamente, yo sigo la receta de la confitura de frutas de la Tmx, triturando la fruta 3-4 seg/velocidad 4, para que se queden trocitos de fruta. Si te gusta la mermelada más fina, trocea 10 seg/vel. Progresiva 5-10.

Este efecto se puede reproducir perfectamente sin la Tmx, troceando la fruta en pequeños trozos, o triturándola con una batidora, dependiendo de lo fina que queramos la mermelada.

La proporción de azúcar que yo uso es casi siempre la mitad que de fruta (500 gr de azúcar por cada kilo de fruta, por ejemplo), ese porcentaje es más que suficiente para conseguir una buena conservación. También se pueden usar proporciones ¾-1 o de 1-1 de azúcar-fruta. Eso ya es también al gusto y dependiendo de la acidez de la fruta que vayamos a usar. 



Una vez añadido el azúcar y el limón (el zumo de un limón por casa kg de fruta), solo debemos programar 30 min/ 100º/ vel. 2.
Para cocinar la mermelada o confitura sin Tmx, solo tenemos que poner la fruta troceada o triturada, el azúcar y el limón en una cazuela. Una vez que hierva, se le baja el fuego y se cocina sin dejar de remover 20-30 minutos. Y ya está.

Cuando ya tenemos la mermelada cocinada y cerrada en botes herméticos bien limpios, se conservarán sin más uno o dos meses. Si queremos conservarlas más tiempo, debemos recurrir a la conservación al baño maría. Así es como lo hago yo.
Cogemos unos cuantos botes, y los metemos en una olla a presión (o una caldera) llena de agua, con sus tapas. Dejamos hervir los botes unos 15 minutos (el tiempo será mayor si no usamos una olla a presión), para esterilizarlos, igual que haríamos con los biberones de un bebé.

Una vez lavados, los sacamos de la olla y les vaciamos el agua, intentando no tocar el interior de botes y tapas en el proceso, para no contaminarlos. Luego los llenamos con la mermelada aún caliente, tapamos y damos la vuelta unos diez minutos, para que hagan un buen cierre al vacío.

Como decía antes, con este paso ya se tienen mermeladas que durarán uno o dos meses. Pero si queremos conservarlas hasta un año, hay que realizar el siguiente paso.
Volvemos a meter los botes en la olla a presión, ya cerrados y con la mermelada dentro, y volvemos a dejar hervir unos 15-20 minutos.  Este tiempo depende de lo que vayamos a conservar, y será mas largo en caso de conservar verduras, por ejemplo, pero para la fruta será suficiente. Una vez termine el tiempo, se sacan los botes y se dejan de enfriar.
Etiquetar las conservas es siempre una buena costumbre. A mí me regalaron las pasadas navidades una etiquetadora, ¡y no sabéis el uso que le he dado! En todo caso, siempre es conveniente poner una etiqueta con el nombre del producto y la fecha de realización, para saber hasta cuando puede consumirse.

jueves, 30 de mayo de 2013

Sobrasada de tomates secos

No me puedo creer que a estas alturas de la película yo no os haya hablado de esta receta todavía. Esta receta la saqué del programa 100% vegetal y Ana Moreno lo usaba para acompañar una ensalada de carpaccio de calabacines (receta que también debería poneros) pero hoy os traigo solo la "sobrasada". Ana Moreno la llama sobrasada porque su aspecto y consistencia son similares a la sobrasada de toda la vida. Incluso su sabor, muy intenso y "curado" recuerda al del embutido. Este es mi "paté" vegetal favorito, una receta crudivegana ideal para acompañar los bocadillos.
Ingredientes:
80 gr de tomates secos en aceite de oliva (o 60 gr de tomates secos y 20 gr de aceite)
20 gr de piñones
Unas hojas de albahaca fresca

Preparación:
Pues es tan fácil como poner los ingredientes en la batidora y batirlos hasta dejar una consistencia suave. Si se quiere más claro, añadir más aceite. Si se quiere que tenga un sabor menos curado, añadir más piñones. 
Si no se quieren usar piñones, puedes sustituirlos por almendras peladas, que también le dan muy buen sabor a la receta.




lunes, 27 de mayo de 2013

Hazlo tú mismo


Intentar vivir a partir de materias primas, no de alimentos procesados. Ese es mi lema desde hace aproximadamente un año, lo que ha hecho que mi lista de la compra sea cada vez más sencilla (¡y más barata también!): harinas y cereales, agua, leche (de almendras o avena, y de vaca ecológica para mi marido), frutas, verduras, alguna conserva que sea imprescindible (como los tomates secos, a los que soy adicta, o el maíz dulce), algo de queso y algún embutido para él (que no es vegetariano), frutos secos y legumbres. Nada de panes, snacks, galletas, mermeladas o salsas procesadas (salvo el kétchup, que aún no me he animado a hacer por mí misma), nada de patés o conservas cárnicas, sólo alguna hamburguesa vegetariana para mí de cuando en cuando.
Acudo al lineal de productos ecológicos de mi supermercado, de manera que la leche, el kétchup, las hamburguesas y todo lo procesado que compre sea ecológico. La fruta y la verdura la compro en el mercado agrícola del pueblo, ¡que para eso lo tengo cerca!
Foto de mi alacena, con conservas caseras
Lo que quiero decir con todo esto es que otra manera de vivir, consumir y comer es posible: siendo consumidores responsables, primando los productos no transgénicos, ecológicos y de la tierra sobre los demás, y dándose uno cuenta de que muchos alimentos que son “obligatorios” en la lista de la compra lo dejan de ser cuando descubrimos que o bien no son tan necesarios, o bien los podemos hacer nosotros mismos en casa, con mucho más sabor y menos (ningún) aditivo, conservante o potenciador del sabor.
Paulatinamente, a lo largo del último año, me he dado cuenta de cuántas cosas puedo hacer por mí misma, con ayuda de la Thermomix (sin que esta sea tampoco imprescindible, en todo caso). Al principio me animé a hacer mis propios sorbetes de fruta para el verano, luego mis propias mermeladas, mis masas y panes (hasta que poco a poco he dejado de comprar pan, o lo compro muy poco), luego mis propias salsas (como la veganesa que hago con nata de almendras. Exquisita) y luego mis propias conservas caseras, como extensión natural a todo lo anterior. El día que me de por hacer kétchup, adiós al bote de Heinz.
Todo esto ha hecho que me haya ahorrado un dineral (nótese que para cocinar pan casero para dos personas puedo gastarme tan solo unos 10 euros al mes en harinas y levaduras), pero también le he ahorrado a mi organismo un montón de aditivos, conservantes y “trazas de” cosas que no deberían de estar en el alimento que uno consume.
Además, la verdad es que es un gustazo desayunar una rebanada de pan hecho por uno mismo con mermelada casera, o unas galletas recién sacadas del horno, así como abrir la despensa para sacar un bote de pisto de verduras, sofrito o salsa de tomate para hacerse un almuerzo (o cena) exprés.
Evidentemente, todo esto es más “trabajoso” que ir al supermercado a coger unos cuantos paquetes y
Pan de molde casero, de leche de almendras y avena
botes, y hay semanas en las que no encuentro tiempo para hacer pan, o una salsa, y que recurro (inevitablemente) a un alimento procesado, pero también es verdad que este sistema es, en un momento en el que todo el mundo se mira el bolsillo, muchísimo más barato e infinitamente más enriquecedor (nutricional y espiritualmente) que comprar productos manufacturados en el súper, por lo que a mí, personalmente, me compensa el esfuerzo.
Por eso, he decidido hacer una serie de entradas para compartir con vosotros lo que he ido aprendiendo acerca de la conservación casera de alimentos, o las diferentes recetas que uso para cocinar cosas que antes compraba ya hechas. Porque al fin y al cabo, ¿para qué comprarlas si las puedes hacer tú  mismo?

viernes, 8 de febrero de 2013

Pan de molde de yogur y miel... Vegano

Como os dije el otro día, os traigo la mejor receta para hacer pan de molde casero que he probado nunca. La receta está copiada del blog de Iván, aunque eso sí, customizada, adaptada a un molde mayor y completamente veganizada. Yo lo he hecho un par de veces ya, y se me queda siempre muy, muy rico.
Ingredientes
Para la masa madre 
75 de agua
7 gr de levadura fresca
15 gr sirope (yo uso de ágave) o azúcar 
165 gr de harina de fuerza 
Para el pan: 
150 gr de agua
30 gr de sirope o azúcar
120 gr de yogur natural vegano (también se puede usar la misma cantidad de leche vegetal)
15 gr de levadura fresca
75 gr de masa madre
550-600 gr harina de fuerza
Sal

Preparación: 
Preparar la masa madre mezclando todos los ingredientes 15 seg/ vel 4 (o bien mezclándolos en un bol con una espátula).
Luego saca la masa, forma una bola con ella y métela en un bol con agua templada. Déjala haya que flote y doble su volumen.

¿Veis como flota y ha crecido ya?
Una vez que la masa madre esté preparada (tardará de 20 a 30 minutos), se pone en el vaso el agua, la miel, el yogur y la levadura. Programamos 37º/ 3 min/ vel 2 (o bien, templamos el agua y la mezclamos en un bol con el resto de los ingredientes). Agregamos la masa madre, que ahora tendrá una textura pegajosa y húmeda, la harina y la sal. Programamos 4-5 min/ vaso cerrado/ vel espiga (o amasamos a mano).


Nota: (Ahora es el momento de coger un pedacito de la masa que hemos preparado y reservarla. Ese trozo de masa nos servirá como masa madre para la próxima vez que hagamos el pan, saltándonos así el primer paso de esta receta las sucesivas veces. Lo de la masa madre tiene mucho de arte y yo apenas sé nada de ella, así que lo que yo hago (y quizás un panadero experto podría pegarme un cogotazo por ello) es congelar ese pedazo de masa, reservándolo para el próximo pan. Una vez que la vaya a usar, la descongelo y la meto en agua tibia, hasta que flote y crezca).

Ponemos la masa del pan en un molde tipo plum cake, la pintamos con algo de leche y adornamos a placer. Yo uso semillas de chía y de amapola. Tapamos con un paño y la dejamos en un lugar cálido para que fermente.

Mirad cómo ha subido: ha rebasado el molde
Yo, como vivo en un lugar frío, la dejo fermentar dentro del horno, a 40-50º hasta que haya rebosado el molde. Una vez crecida y bien fermentada, la horneamos 40 min a 180-200º, sin ventilador para que no haga mucha corteza.
Ya cocinado. Mmmmh que pinta
Si aun así la corteza queda algo dura cuando lo saquemos del horno, hay un truco genial para "reblandecerlo". Sólo tenemos que desmoldar el pan y meterlo, aún caliente, en una bolsa de plástico hasta que enfríe. El pan "sudará" y esa humedad hará que la corteza se quede más blandita. Una vez que esté frío, no olvideis sacar el pan de la bolsa y envolverlo en una servilleta de papel para quitar esa humedad (de lo contrario, se pondrá muy mohoso en un par de días, os lo digo por experiencia :S). Esperad a que enfríe para rebanarlo, pues en caliente tenderá a romperse.


El pan obtenido con esta receta no es tan blando ni claro como el comprado en el súper, y de miga algo menos flexible, pero tiene un sabor muy bueno, menos dulce y más a "pan de verdad" que el pan de molde comprado en supermercados.
Otra presentación, con copos de avena
Aguanta bien una semanita en la despensa y es genial para hacer sándwiches con un aroma rústico y casero. ¿Os atrevereis a probarlo?
Mi desayuno de esta mañana: pan casero con sobrasada de tomate, receta que os traeré en unos días;)
Glosario: 
Semillas de amapola: Semillas de la amapola silvestre (o confundir con adormidera o planta del opio) con importantes cualidades nutricionales y medicinales. Ricas en ácidos grasos insaturados, antioxidantes y calcio, a la vez que tienen un efecto calmante sobre el sistema nervioso central.

Semillas de chía: Semilla de la Salvia Hispánica, planta herbácea que se cultiva en algunos países de sudamérica. Muy conocida por ser una de las mayores fuentes vegetales de ácidos grasos Omega 3 (dos cucharadas de semillas de chía al día aportan 5 gr de Omega 3, el equivalente a medio kilo de pescado azul), así como de antioxidantes, aminoácidos, minerales algunas vitaminas y fibra. Por su alto contenido en Omega 3, ayuda a regular el colesterol, previenen enfermedades cardiacas y contribuyen al desarollo cerebral. Además, su propiedades antiinflamatorias y su alto contenido en antioxidantes y fibra lo convierten en un excelente anticanerígeno.

martes, 8 de enero de 2013

Pan de espiga (pain d'epi)

Hoy les traigo una receta que me tiene sencillamente entusiasmada. Últimamente me ha dado por hacer pan en casa (pronto os traeré la mejor receta de pan de molde que he encontrado) y he visto este pan en el programa "Cocina fácil con Lorraine", programa que echan en el Canal Cocina y del que ya soy fan incondicional (¡aunque no sea un programa de cocina vegetariana!). Lorraine Pascale es una ex-modelo y actual chef (vaya mezcla, ¿eh?) que, como el nombre del programa indica, hace unas recetas súper chulas pero facilísimas de hacer. Ya os traeré la "vegetanización" de alguna de sus recetas, mientras tanto, os presento al vistosísimo, delisioso y facilísimo de hacer pan de espiga.
¿A que es una preciosidad? Me enamoré de este pan al ver cómo ella lo elaboraba, y ¡hacerlo en casa es sorprendentemente fácil! Sólo se necesitan unos pocos ingredientes y un buen horno. Le dedico esta receta a todos los amantes del pan, y en especial a mi buen amigo Iván, que de seguro lo va a hacer en casa.

 Ingredientes
275 harina de fuerza
1 cd de aceite oliva virgen extra
18 cl agua templada
1 sobre de levadura (levadura seca, no levadura química, que no es lo mismo, ¿eh?)
1 ct de sal

Preparación:
Mezclamos los ingredientes, hasta conseguir una masa suave en un bol o, si tenemos un Tmx en casa, mezclando unos 20 segundos a velocidad 4-5. Añadir más agua si precisa. Amasamos unos diez minutos. Si lo hacemos a mano, será mejor enharinar un poco la superficie de trabajo, si lo hacemos con la Tmx, programamos 10 min/ tapa cerrada/ velocidad espiga.. Para saber si ya está lo suficientemente flexible la masa, debemos presionarla con un dedo enharinado. Si recupera la forma, ya esta suficientemente amasado.

Le damos una forma alargada, lo suficientemente grande para ocupar enteramente la diagonal de nuestra bandeja de hornear. Lo cubrimos con un plástico de cocina, rociado con un poco de aceite para que no se pegue al pan. Lo dejamos fermentar de media hora a tres cuartos, en un lugar cálido o dentro del horno a 40-50 º (a mí en 25 minutos me había fermentado). 

Para saber si ya está en su punto de fermentación no sólo debemos mirar el tamaño (que será el doble que antes), sino su elasticidad: si al presionar con un dedo enharinado sólo recupera la forma a la mitad, ya está. 
Fiajos en cómo ha crecido
 Ahora viene la parte divertida. Vamos a ir cortando con unas tijeras en un ángulo de 45º, poniendo los cortes a derecha e izquierda alternativamente y creando la característica forma "en espiga".
La espolvoreamos con harina y un poco de sal. 
Para que dentro del horno haya un vapor que ayude a que el pan crezca antes de que se haga la corteza, pulverizamos el horno con agua o ponemos unos cubitos de hielo en la bandeja inferior, y horneamos a 200 grados una media horita. 

Y ya está, ¡no me digan que no se mueren por hacerlo en casa!

lunes, 1 de octubre de 2012

Lasaña vegetal

Pues aquí les traigo una de mis recetas favoritas, una lasaña vegetal muy ligera, sin salsa ni bechamel, vegana, si prescindimos del queso, y deliciosa.
Esta receta está sacada del libro de "Cocina sin gluten", pero como suele pasar, yo pongo la versión adaptada por mí. Como casi cada receta de thermomix, muy facilmente adaptable a una cocina tradicional.

 Ingedientes (para 4 personas):
12 placas de lasaña
50 gr de parmesano y 50 gr de emmental (opcional)
400 gr de calabaza
250 gr de calabacín
200 gr de cebolla
200 gr de pimiento rojo
200 gr de pimiento verde
60 gr de aceite de oliva
Sal
4-5 ojas de albahaca


Si vamos a usar el queso, lo primero de todo será rallarlo en la thermomix, 1m/ vel. progresiva 5-10 (o bien comprarlo rallado). Sacar del vaso y reservar.
Corta la calabaza y el calabacín en lonchas finas.

 Yo uso un cortador de lonchas de queso, que me viene genial para esto.
 Ponemos la calabaza y el calabacim ya en lonchas en el recipiente varoma. Reservamos.
 Ponemos la cebolla y los pimientos en el vaso. Picamos 3 seg/ vel 4. Añadimos 30 gr de aceite y la sal (puedes condimentar también con hierbas aromáticas, yo suelo poner laurel y tomillo). Programamos 10 min/ tª Varoma/ giro a la izq/ vel cuchara y ponemos el recipiente varoma sobre el vaso. Si no tienes tmx, lo que tienes que hacer es un refrito de toda la vida. La calabaza y el calabacín en una vaporera, o bien cocerlos en agua con sal, si no tienes.
 Mientras tanto, cocina las placas de lasaña. Para esta receta no recomiendo usar de las instantaneas, porque al no llevar ni salsa de tomate, ni bechamel, la pasta no tendrá ningún líquido para cocinarse en el horno, y se quedará duras. Una vez hecho el refrito, llega el momento de montar la lasaña. Pon una base de placas de lasaña en una fuente, y encima el refrito de cebolla y pimiento.
 Una nueva capa de pasta, y sobre ella la calabaza y el calabacín al vapor. Condimenta con pimienta negra y sal.
 Por ultimo, sobre la tercera capa de lasaña, pones el queso rallado. Lo metes unos minutos en el horno, para que gratine.
 Mientas la lasaña está en el horno, coge las hojas de albahaca y pícalas muy finitas, o machácalas en un mortero. Añade los otros 30 gr de aceite y un poco de sal y deja macerar unos minutos. Cuando saques la lasaña del horno, riégala con este aceite de albahaca.
Y ya está. Es una lasaña riquísima, muy, muy sabrona a pesar de no tener salsa, y considerablemte más ligera. ¿A qué esperas para probarla?