domingo, 24 de junio de 2012

La hortelana novata: más cositas

Bastante feliz con mi creciente huertito, al menos con el semillero. Mirad:
Las lechuguitas están cada vez más grandes, y ¡los tomates han empezado a brotar! Tanto los grandes como los cherrys.

La albahaca ya empieza a ser reconocible. Las primeras hojas que salieron (las más grandes) no se parecen nada a las hojas de esta planta, pero las pequeñitas que están empezando a salir no sólo tienen ya el aspecto de las hojas de albahaca, sino que también tienen ya su olor.
Un detalle curioso que me ha encantado de la lechuga es que primero salen dos hojitas pequeñas, y luego en medio empieza a crecer una tercera, que se hace cada vez más y más grande, y se empieza a rizar, es súper curioso.
Por otro lado, sigue sin haber noticias de las espinacas y las zanahorias. Supongo que en parte es lógico que tarden más en brotar que las que están en invernaderos, pero creo que quizás mi perra tenga algo que ver (hoy encontré sospechosas huellas en la tierra de las espinacas). Así que por si acaso, he plantado un nuevo lineal y he puesto la maceta en alto. Os seguiré contando

martes, 12 de junio de 2012

Primeros brotes

Pues ayer me llevé una alegría al ver que algunas de las semillas que planté el otro día han empezado a germinar, aquí lo pueden ver:


De los tomares y del perejil no hay noticias todavía, pero ya están asomando las lechugas, la albahaca y la caléndula ^^
Así que más feliz que una perdiz me he puesto a hacer un par de experimentos. He plantado tres dientes de ajo en una macetita, con la esperanza de recoger tres cabezas enteras en unos meses (o eso dice el libro del que os hablé en el anterior post). También he aprovechado unas semillas de naranjas y limones de una finca cercana y las he plantado en un semillero self-made con una cajita de plástico, de esas en las que venden las fresas, a ver qué sale.


Sé que el naranjero y el limonero son árboles relativamente grandes, pero he estado investigando aquí y allí por internet y he leído (no recuerdo donde) que los árboles jóvenes pueden tenerse en macetas sin mayor problemas (hasta árboles de quince años o así). Podría comprar la plantita, lo sé, pero es que esto de las semillas me tiene enganchada y me hace como ilusión ver si de ahí sale algo... Así que he decidio plantar tres semillas de cada (naranajas a la izquierda, limones a la derecha) a ver si brotan, y cuales lo hacen mejor.
 Otra cosa, ¿se acuerdan de mi germinador de brotes? Pues ya he tenido que cortar los brotes de soja, porque estaban enooormes.
Como esto es prueba y error, he descubierto que no debería volver a mezclar semillas de distintos tipos por la sencilla razón de que no todos germinan igual de rápido. Así es como quedó la bandeja tras cortar los brotes de soja
La alfalfa está ya creciendo, pero de las semillas de puerro (las negras) apenas han salido unas mini raíces. La próxima vez los pongo por separado >.<
Ya os seguiré contando...

miércoles, 6 de junio de 2012

La hortelana novata

Pues eso es lo que soy a partir de ahora (o intento ser): un proyecto de hortelana casera, a mucha honra.
Hacía tiempo que tenía en mente la idea de convertir mi estéril e inservible patio interior en un huerto "urbano", aunque difícilmente se puede decir que mi proyecto de huerto sea urbano, ya que vivo en mitad del campo, pero dado que carezco de terrenos y cultivaré -o intentaré cultivar- en macetas, esa es la expresión que mejor se me adapta. Ahora por fin, he puesto la primera piedra -la primera semilla- para convertir esa idea en realidad - o morir dignamente en el intento. 




Esta es una vista aerea (desde la ventana de mi dormitorio, en el piso superior) del patio interior de mi casa. La ventana da a la cocina, y como pueden ver, poco usado lo tenía, salvo por unas hierbas que tengo plantadas en el alfeizar, una menta enooome y un perejil un poco desmejorado a causa de una floración reciente.


Así que me he puesto manos a la obra para convertir este espacio muerto en un huerto, para comer gratis, entretenerme y darle un poco de vidilla a la vista que veo desde mi cocina. Como vegetariana y ecologista convencida que soy, este proyecto me viene al pelo, y ya que tengo este blog, he decidido compartir con vosotros mis progresos, mis éxitos, mis pifias y lo que venga! ^^
Empecé la semana pasada, comprando en una tienda de productos ecológicos en Costa Ayala unas semillas, un poco de humus de lombriz para ir empezando y un germinador para brotes (del que os hablaré al final del post). La tienda se llama Yerbahuerto y la llevan unos chicos -y una chica- que se dedican a la agricultura ecológica. Fueron encantadores conmigo, y con mi amigo Iván que ha sido testigo de todo el proceso, me asesoraron cuando les conté mi proyecto, y se ofrecieron a seguir haciéndolo a lo largo de este camino que he empezado, lo que les convierte en mi nueva tienda de referencia ^^
Anteayer fui a Ikea a agenciarme un pequeño invernadero y a otras tiendas para comprar algo de sustrato, una bandeja de semillero y unas etiquetas muy chulas para marcar lo que tienes plantado en cada lugar, así que hoy, me sentía ya dispuesta para empezar.

Como no encontré tierra específica para semilleros y me sentía creativa, mezclé a partes iguales el sustrato y el humus de lombriz 
La mezcla la hice usando un vaso de plástico para chupitos, vasos que Arsénico y yo hemos usado con más profusión de la que nos gustaría confesar, ¡era lo que tenía más a mano!
Con esa mezcla llené los semilleros.

En él plante semillas de lechuga, tomates, albahaca, caléndula, preparé el hueco para el perejil (cuyas semillas deben estar en remojo 24 horas antes de su siembra - o eso decía en el sobre- y que plantaré mañana) y como ya dije que me sentía creativa, un hueso de picota (cereza). Que sirva como experimento, a ver si sale algo de ahí, aunque sé que en realidad no es eso algo que se pueda cultivar en una maceta, pero bueno... Etiqueté mis semilleros, los regué con un aspersor y los metí en el invernadero.
Luego me dispuse a sembrar semillas de espinacas y zanahorias. Según el libro "Cultiva tu propio huerto" de Richard Gianfrancesco, que de momento estoy usando como guía, estos cultivos es mejor hacerlos directamente en macetas, y no en semilleros.
Para la zanahora usé una maceta profunda. Puse un lecho de tierra, añadí sustrato y humus y planté una semilla cada 2'5 cm aproximadamente. Cubrí con una nueva capa de humus y regué.
Para las espinacas, hice una línea, y puse una semilla cada 10-15 cm en la vertical. Se supone que cada 2 ó 3 semanas, debo hacer un nuevo lineal, para así tener espinacas para la temporada. La línea que está sembrada es la que está marcada con la etiqueta (Se supone que las espinacas están sembradas bajo la línea blanca que he dibujado. Iré haciendo líneas paralelas cada pocas semanas).
Para terminar mi primer día de trabajo, me decidí a trasplantar mi menta y mi perejil, y añadirles una capa de humus para abonarlos. También trasplanté un aloe vera que tenía por casa y le saqué un montón de esquejes (o hijitos, como diría mi madre) y una gerbera que me regalaron el mes pasado. Regué todo y las dispuse en el patio.

Quizás mi patio no sea a fin de cuentas el mejor ambiente para un huerto, pero al menos tengo ganas de intentarle y un par de horas de sol directo cada día, que hasta ahora sólo había aprovechado mi perrita, Saori, espero que a partir de ahora tenga más compañía.


Como decía de los germinados, en Yerbahuerto encontré un kit para germinar semillas. El kit venía con semillas de soja verde, y sembré uno de los sobres la semana pasada. Es muy sencillo, y me he dispuesto a hacerlo otra vez, pero esta vez con una mezcla de semillas de soja verde, alfalfa y puerros.
Se lavan las semillas y se disponen sobre la rejilla. Se llena el depósito de agua hasta que toque la rejilla y se le pone la tapa de plástico que trae (que hace como invernadero), y ya está, en una semana tienes una rica cosecha de brotes. Creo que también se puede usar como semillero para la siembra, y quizás me atreva a pasar algunos de los brotes de puerro a una maceta. Ya os seguiré contando.

lunes, 23 de abril de 2012

-¿La carne cómo la quiere, señora? -Baratita, por favor. Divagaciones de una vegetariana, 2ª parte


Detesto cuando me preguntan, con cierto soniquete, que si soy vegetariana porque me dan pena los animales. No es sólo que a la mayoría de la gente les parezca ridículo que a alguien le de 'pena' un animal, sino que ni siquiera se plantean que alguien pueda ser vegetariano por otras razones.
Sinceramente, yo no soy vegetariana porque sea una gran defensora de los derechos de los animales, aunque respeto plenamente a quienes tienen esas motivaciones. No es que yo esté en contra de matar a un amimal y comérselo. Es que estoy en contra de cómo se hace actualmente.
Una vez, alguien me dijo que le parecía antinatural ser vegetariano.Y lo dijo con la misma convicción moral con la que un ultraderechista dice que es antinatural ser homosexual. Yo que siempre he odiado ese adjetivo, por las implicaciones éticas con las que se utiliza constantemente, le respondí que es cierto que el homo sapiens es un animal omnívoro, pero que eso no quiere decir que lo natural sea comer como se come hoy en día en occidente. Quizás debí decirle también que lo antinatural es comerse a una vaca que nunca ha visto el sol y que ha vivido sus pocos meses de vida revolcándose en sus heces y las de sus compañeras. Pero estábamos compartiendo una cena con otras personas y preferí no hacérselas indigesta.
¿Cuántas veces habremos oído eso de "prefiero no saber con qué o cómo está hecha esta comida, porque si no, no me la comería"? Precisamente, quizás yo sí que sepa cómo se hace tal o cual comida, y haya tomado esa decisión, que otros no se atreven a tomar. ¿Antinatural? Evidentemente, eso depende del punto de vista.
Hace unos meses vi ese documental que tanto dio que hablar en 2008: "Food Inc". Aún siendo vegetariana, y estando concienciada con cómo funciona la industria agroalimentaria, la película me impresionó vivamente por el empeño de los productores de alimentos de hacer las cosas de manera antinatural.
Pongamos el ejemplo de las vacas. Hoy en día, la mayoría de la carne de vacuno que se consume, proviene de animales criados no en el prado, como nos hacen creer las etiquetas de las leches y los quesos que compramos, sino en espacios cerrados y alimentados con piensos de cereales (generalmente maíz), para engordarlas rápidamente con un alimento que el intestino de las vacas no está preparado para digerir.
Eso no debería sorprendernos. Las vacas son hervíboras, comen hierba y pastos, pero no cereales. No es de extrañar que estas vacas sufran trastornos intestinales. Según el documental Food Inc y algunos especialistas, ese cambio en el patrón alimentario de las vacas es lo que ha originado mutaciones en la flora intestinal de estos animales, dando lugar a bacterias que son más patógenas y peligrosa y además, resistenten a los antibióticos, como la Escherichia coli enterohemorrágica. Es muy lógico pensar que las bacterias intestinales de estos animales lleguen a la carne: viven enterrados hasta los tobillos de mierda y tienen la piel manchada de heces. En los grandes mataderos, en los que se sacrfican miles de vacas al día, es imposible impedir que algo de esas heces (y las bacterias que contienen) entren en contacto con la carne que llega al cosumidor. En estas condiciones es también imprescindible el uso de antibioticos, para evitar que las vacas se cogan infecciones en ese ambiente tan terriblemente insalubre en el que viven. Eso hace que las bacterias que conforman su flora intestinal se hagan cada vez más resistente a esos antibioticos, y que si llegan a la cadena alimentaria e infectan a un  ser humano, su cura sea mucho más dificultosa.
Parece más lógico pensar que las vacas deberían entar en un prado, pastando hierba y fertilizando el suelo con sus heces, que serían perfectamente sanas a causa de su buena alimentación. Esas heces se descompondrían en el suelo de manera natural y no ocasionaría ningún problema de salubridad para las vacas o los seres humanos. La necesidad de darle antibioticos sistematicamente al ganado desaparecería, y sólo serían necesarios puntualmente si un animal enfermara. Eso también haría que la piel de las vacas estuviera libre de bacterias patógenas, y que una vez sacrificadas y despiezadas, su carne no tendría que pasar por lavados de Cloro y Amonio para desinfectarla. Así la carne llegaría al consumidor con menos porcentaje de grasa (pues no procedería de vacas cebadas rápidamente con maíz) sin antibióticos, y sin sustancias químicas que pueden dañar su salud.
Y sin embargo, el consumidor medio acepta este patrón de cría de ganado para el consumo, porque la carne resultante es mucho más barata. Eso es lo que ha propiciado que en los ultimos años se coma más y más carne pero de peor calidad. ¿No es mejor comerse un filete al mes libre de toxinas y con un menor porcentaje de grasa, que uno cada dia pero de peor calidad? La respuesta parece obvia, pero por lo visto no lo es, por eso la carne ecológica sigue siendo consumida sólo por una minoría.
-¿La carne cómo la quiere, señora?
-Baratita, por favor

sábado, 21 de abril de 2012

Minestrone de tomate con pan de ajo

Hola, aquí les traigo una nueva recetita, sacada de un libro que adoro, apta para vegetarianos y veganos y muy muy muy rica. Cuando saqué las fotos aún no tenía la Thermomix, pero recientemente la he adaptado para este robot de cocina, así que pondré la receta en las dos modalidades.
Ingredientes para el minestrone

Aceite de oliva
1 cebolla
1 zanahoria
1 puerro
2 papas medianas
2 calabacines
Otras verduras al gusto como apio, berenjenas o habichuela...
2-3 dientes de ajo
1,5 l de caldo de verdura
400 gr de tomate triturado
120 gr. de macarrones

Ingredientes para el pan de ajo:

1 pan de chapata o uno rústico
60 ml de aceite de oliva o
30 ml de margarina y 30 ml de aceite
2 dientes de ajo machacados
Orégano/ albahaca
60 gr de parmesano rallado (opcional)


Preparación
Picar los ajos pequeños y las verduras en dados gruesos. Si te apetece y te gusta mucho la cebolla, la puedes dejar en rodajas, para que se note más una vez hecha. Sofríe todas las verduras en el aceite, excepto el calabacín, que lo reservamos para más tarde.
 
Una vez que la cebolla esté tierna, añadimos el caldo de verduras y el tomate triturado. Llevamos a ebullición y bajamos el fuego. Tápalo y cocina unos 40 minutos, o hasta que veas tiernas las verduras.

Será entonces cuando añadas los dados de calabacín y los macarrones. Cocina sin tapar unos diez minutos más.
Preparación con la Thermomix.
Trocea los calabacines en el vaso, 5 seg/ vel 4. Retira y reserva.
Introduce la cebolla y el ajo, trocea 2 seg/ vel 5, añade los puerros y las zanahoras, 3 seg / vel 4
Añade el aceite, 10 min/ 100º/ vel 1.
Añade el caldo y el tomate triturado, así como sal y especias si quieres (yo le pongo laurel y tomillo). 8 min/ 100º/ vel 2
Añade por fin la pasta y los calabacines picados y programa 15 min/ 100º/ giro izq /vel 1 


Detalle de los macarrones
Mientras tanto, vamos preparando el pan de ajo. Precalienta el horno a 150 º. Si usas margarina o mantequilla, entíbiala primero. Pica los ajos muy muy chicquitos, y mezclalo con el aceite o la margarina que uses. Añade el orégano y el queso rallado. Mezclalo todo muy bien.
Embadurna bien el pan con esta mezcla. Puedes cortar rebanadas enteras y untarlas, o bien hacer muescas en el pan (como hice yo) y rellenarlo con la margarina y el ajo, Lo que sobre, ponlo por encima y al horno 5 minutitos.

Sirve el misnestones con un par de rodajas de pan y a comer!

jueves, 19 de abril de 2012

El carrito de la compra. Divagaciones de una vegetariana, 1ª parte

Estaba esta mañana haciendo cola en un cajero de un gran supermercado, a donde había ido para agenciarme unas cositas para la cena que doy este sábado por el cumpleaños de mi amigo Iván, cuando me fijé que delante de mí había una señora pasando su compra. Era mayor, bastante obesa, y tenía un evidente mal estado de salud. Lo primero que hice fue pensar que no quería tener una vejez así para mí misma, lo segundo que hice fue mirar el contenido de su carro de la compra. Estaba lleno de yogures, cremas, mousses de chocolates, postres lácteos, postres manufacturados, refrescos, papas fritas, latas... Nada de legumbres o fruta, apenas nada de verduras (salvo una de esas bandejas 'prediseñadas' para hacer potajes o pucheros).
Levanté una ceja al pensar que quizás, ese tipo de alimentación era lo que propiciaba el mal aspecto de esa señora, pero lo más paradójico es que quizás ella no sea consciente de llevar una mala alimentación. Al fin y al cabo, lo yogures son sanos, ¿verdad?
El otro día leí en El país semanal, un artículo que se titulaba "Biografía del carrito". En él se decía que lo que una familia compra dice mucho de la familia en cuestión, y de cómo las cadenas de supermercados usan esa información para conocer a sus clientes y poder ofrecerle ofertas 'a medida' por medio de sus tarjetas de fidelización. Luego explicaba que ya no somos tan libres a la hora de escoger nuestra alimentación, que las cadenas de supermercados tienen estrategias para hacernos comprar tal o cual cosa, que a pesar de la aparente variedad de alimentos que tenemos a nuestro alrededor, todo se reduce a unos pocos ingredientes, que se repiten una y otra y otra vez, hasta la saciedad.
Todo eso, aderezado con la publicidad con la que somos bombardeados, y con esas etiquetas que tan de moda se han puesto de 'natural', 'biológico', 'de la huerta', 'la receta de la abuela', hacen pensar al consumidor que está comprando alimentos naturales y sanos, y que la manera en la que comemos ahora es la manera en la que hemos comido siempre. Pero quizás eso no es verdad.
En primer lugar, pensemos en cómo comían nuestros padres y abuelos hace 30 ó 40 años: guisos y potajes casi a diario, pan, leche, queso, algo de fruta, carnes y pescados de vez en cuando. Nada o casi nada de embutidos, muy pocos dulces, nada de comida rápida, de papas chips, de postres prefabricados, de chucherías... Y sin embargo, tenemos la sensación de comer igual que antes y nos sorprendemos porque los índices de enfermedades cardiacas, oncológicas y metabólicas aumentan, y cada vez estamos más gordos y menos sanos.
Miré mi modesto carrito de la compra y sonreí con cierta suficiencia. Sólo llevaba un par de botellas de vino, unos espárragos trigueros y un par de botes de tomates secados al sol (mi gran vicio), aparte de los ingredientes para hacer unas Berenjenas parmiggianas: albahaca, quesos, tomate triturado (de agricultura ecológica), y las berenjenas. Me sentía orgullosa por haber llevado una lista de la compra y haberla cumplido, sin caer en la tentación que había a mi alrededor, como si yo fuera inmune a las estrategias de ese gran supermercado para que compre productos que yo prefiero no consumir.
A lo largo de los últimos años, no sólo me he hecho vegetariana, también he cambiado mucho mis hábitos de consumo. Apenas piso ya los grandes supermercados, quizás porque me ponen nerviosa, pero en gran parte porque apenas necesito ya casi nada de lo que venden allí. Mi objetivo al decidir cambiar alimentación no era sólo abandonar el consumos de derivados cárnicos, sino dejar de lado todo lo posible los productos manufacturados y hacerme yo misma la mayoría de mis alimentos, para controlar al máximo los ingredientes que pongo en mi comida. Una vez que haces eso te das cuenta de que lo que decía arriba es verdad: la aparente variedad de comida en los supermercados es sólo eso, aparente. En realidad hay variedad de productos, pero no de materias primas. Y si no, vete a cualquier supermercado y mira las harinas, por ejemplo. Posiblemente veas una sola harina, quizás veas varios tipos: de fuerza (con más gluten) o de reposteria (con un poco de levadura), algunas especiales para rebozar, etc. Pero si te fijas en realidad sólo tienen harinas de trigo. ¿Donde están el centeno, o la espelta o el maíz o el garbanzo? ¿Es que no se pueden hacer harinas con ellos?
Cuando empiezas a variar tu alimentación más allá de lo que 'hemos comido siempre', te das cuenta de que el supermercado de la esquina ya no te vale, que tienes que ir a tiendas 'especializadas' para comprar tu harina de espelta, o tu agar-agar, o tu arroz para sushi, o tu pan de pita. Es entonces cuando te das cuenta de que en realidad, la dieta variada es la que llevas ahora, no antes. Y sin embargo, los omnívoros me siguen mirando con suficiencia cuando les digo a la cara que quizás yo, viviendo sin carne, estoy mejor nutrida que ellos y tengo una dieta más variada.
Hace un par de días tuve en el trabajo una de esas conversaciones que odio tener: que por qué soy vegetariana, que si tampoco como atún o gambas (como si no fueran animales), que si es que me dan pena las vacas, que de dónde saco las proteínas, que si como solo ensaladas y ya está. Yo me armé de paciencia, sonreí mucho y expliqué, como quien habla con un niño de cuatro años, mis creencias acerca de los hábitos de consumo, mi oposición a las prácticas de la ganadería actual, mi convencimiento de no tener ninguna deprivación proteica, blablabla. En un punto dado, una de ellas me preguntó: "Y si tuvieras un hijo, ¿qué?". Y yo le respondí, absolutamente convencida que sería vegetariano. "Pues me parece muy egoísta" me respondió. Y se quedó tan ancha. Yo la miré mal y le respondí que cada padre tiene derecho a decidir sobre la alimentación, la educación, la cultura y la religión de sus hijos, y que por supuesto yo también lo tengo, pero ella, que es madre de dos hijos omnívoros, me miró como quien mira al anticristo porque quizás piensa que negarle la carne y las galletas de fábrica a mis hipotéticos hijos nonatos sea ser mala persona.
Miré de nuevo el carro de la señora que había delante de mí y me di cuenta de que debía tener niños en casa: muchos de esos yogures que llevaba tenían dibujos para niños, algunos eran tipo 'petits'. Había tambuén mucho chocolate y dulces. Supongo que ella le daba a sus hijos y nietos la misma alimentación que ella tenía, creyendo que hacía lo mejor para ellos, y me imaginé un ejército de niños gorditos y juguetones.
Quizás yo también sea víctima de una publicidad alimentaria. Quizás mi deseo de ser vegetariana, de consumir productos frescos y de temporada, y alimentos no modificados genéticamente sea fruto de una nuevo moda, y que yo me esté dejando arrastrar por ella, pero sinceramente, lo que hago lo hago porque me parece lo más lógico. Quizás el movimiento "Slow food" no sea la solución a los problemas del mundo, pero no creo que pase nada por reivindicar la comida 'natural' de verdad y no sólo esa que sólo lo es en la etiqueta.

lunes, 20 de febrero de 2012

Hojas de col rellenas, con salsa agridulce

Después de tantos meses de inactividad, ya era hora de que me volviera a poner las pilas en la cocina. Hoy les traigo una receta de estilo oriental que me enseñó una compañera de trabajo. Muy rica, con muy buena pinta y relativamente fácil de hacer.
Ingredientes:
Hojas de col (2-3 hojas por cada comensal, según tamaño)
Arroz (al ojímetro)
Verduras variadas(yo esta vez usé zanahorias y calabacines, pero con champiñones quedan muy bien, la receta original llevaba pasas, pero a mi no me gustan)
Para la salsa agridulce:
2 cd. de Salsa de soja
1 cd. Ketchup
3 cd. de Azúcar
3 cd. de Vinagre (yo usé vinagre de arroz o japonés)
2-3 cd de Agua 
Algún espesante si precisara (maicena, agar-agar,...)


Modo de preparación: En primer lugar tenemos que ir sacando hojitas de la col (e intentar no romperlas en el proceso). Lo puedes hacer en crudo, y luego hervir las hojas con un poco de sal, o bien hervir la col entera y luego deshojarla. A gusto del consumidor.


Hacemos un arroz hervido con las verduras que hayamos elegido. Podemos usar un arroz de grano largo si queremos, pero para que quede más auténtico, podemos usar un arroz japonés (de grano corto).


Mientras, hacemos nuestra propia salsa agridulce. Por supuesto, este paso te lo puedes saltar si tienes alguna salsa agridulce de bote en casa que quieras usar. Para hacer la salsa, ponemos en un pequeño caldero los ingredientes en la proporción que puse arriba, y se añade un poco de agua. Este tipo de recetas las hay a porrillo en interner, y la mayoría (incluyendo la que me dieron a mí) lleva más agua, y luego se espesa con Maicena. Como yo no uso ese producto (porque es transgénico y blabla) le echo menos agua y dejo que la mezcla rompa a hervir. Si veo que queda poco espesa, le añado una cucharadita de harina de soja o garbanzo. Supongo que también se puede espesar con un poquitín de agar-agar.


Una vez hecho todo, sólo nos queda rellenar las hojas de col. Pones una cuchara generosa de arroz y verduras en el centro de cada hoja, lo riegas con salsa agridulce y las cierras a modo de paquetitos, terminando por la parte que tiene el nervio.


Lo lógico y normal, es cerrar los paquetes con palillos de cocina, pero como yo no tenía (oooopss), pues cosí (sí, sí, como lo oyen) los paquetes con hilo torzal. Con aguja y todo. El caso era cerrar los paquetes, ¿no?


Luego, hay que pasar los paquetitos de col por huevo, o por algún sucedaneo, como hice yo. Puedes preparar una mezcla de agua con no-egg, o con harina de garbanzo o con lo que se te ocurra. Esta mezcla es de agua con harina de soja integral.


Una vez rebozadas, se fríen los paquetitos en abundante aceite...

 
Y se sirve, bien calientes y cubiertos con un poco de salsa agridulce. A comer!